No sabemos la cantidad de boletos que tenemos, tan solo giramos y giramos.
Vivimos cada vuelta con esa ilusión infantil que el calesitero nos regale la próxima, pero el ladino esquiva las manos dejando en nuestros rostros una mueca de frustración tras haber fallado una y otra vez.
Fríos, inertes, ecpáticos observan como vuelta a vuelta nos vamos entristeciendo, tal vez ahí, cuando todo se pone gris, la sortija cae en tus manos, esa maldita recompensa es el premio para que no pares de girar.
Cuántos boletos compramos por cada sortija?.