EL DIA QUE NO HUBO MÁS PALABRAS


Aquella mañana no fue normal. Algo tremendo había pasado. Un eclipse, un cometa, un escape químico, la contaminación, un experimento secreto del gobierno, o quizá solo magia. Nunca supimos la causa, pero algo hizo que la Tierra se callara. Fue como si el lenguaje se hubiese esfumado, un castigo que no entendíamos.

La prueba más clara estaba en los libros. Los encargados de las bibliotecas vieron, con un escalofrío, que las páginas de todos los volúmenes estaban vacíos. Las letras impresas, manuscritas, los jeroglíficos antiguos, todo se había deshecho, dejando solo hojas de papel en blanco.

Las biromes y lápices seguían funcionando, pero no servían para escribir. Solo hacían dibujos sin sentido, garabatos bonitos pero sin significado. La palabra había perdido su conexión con la realidad. En la radio, la música sonaba, pura melodía y ritmo, pero las canciones no tenían letra, solo eran un ruido organizado. Las señales de la calle y los carteles de negocios no eran más que chapas de colores, maderas o cartones. El mundo se convirtió en una hermosa fachada sin significado.

Al principio, el lenguaje de señas, los gestos más instintivos se volvieron el nuevo modo de hablar. Pero no fue suficiente. Mucha gente no entendía y muchos otros, por orgullo o simple terquedad, no querían aprender, asi siempre ha sido la historia de la humanidad.

Esto no era el fin del mundo sino un reinicio, obligados a vivir sin símbolos ni lenguaje compartido lo único que nos quedaba era la memoria. La memoria de los poemas, de los chistes, de las historias que ya no podíamos leer ni contar y que solo existían dentro de nuestra cabeza.

Los pocos que pensaban mucho creían que esto era una purificación. Un ser divino, cansado de nuestras mentiras y de nuestro mal uso de las palabras, nos había quitado la herramienta. Cada persona era ahora una biblioteca ardiente, pero solo de uso personal e incomunicable.

Una pregunta flotaba en el aire, podríamos, solo con gestos y recuerdos individuales volver a construir el lenguaje?. Mientras tanto, el susurro silencioso de nuestra mente quizá nos vuelva completamente locos.